La edad para acceder a la Library of Congress y el aprendizaje permanente
Hace unos días leí en Info Bibcat una noticia referida a que la Library of Congress reducía a 16 años la edad de acceso a sus Salas Generales, y me llamó la atención la justificación de la noticia en la web de la Biblioteca del Congreso de USA.
Sobre la reducción a 16 años, la nota dice que "The Library of Congress is always looking for ways to create new lifelong learners, to expand access to knowledge and to spark the creativity of future generations," (...) "We want people of all ages to be aware of the almost limitless resources that are available in libraries, including their de facto national library, especially at a time when the amount of information online still represents only a tiny fraction of the sum total of human knowledge."
Hacía poco que había comentado casualmente en un blog sobre cómics cómo la British Library hizo una excepción con E.T. Seton (un naturalista de principios del siglo XX que protagoniza un cómic de Jiro Taniguchi), para permitirle acceder con menos de 21 años, que era entonces la edad mínima para utilizar la Biblioteca (Leer nota Seton en la British Library). De modo que en cien años bibliotecas muy importantes han reducido la edad de acceso de modo significativo, cinco años. Nos parece estupendo que una biblioteca nacional asuma así su compromiso con el aprendizaje permanente, y se adelante a captar lectores a edades más tempranas, antes incluso de que lleguen a la biblioteca universitaria.

Coincidiendo con todo ello estos días se ha discutido en Iwetel sobre la edad para acceder a los contenidos adultos en las bibliotecas públicas por parte de los adolescentes, tema que acaba casi siempre relacionado con el temor -que no comprendo- de que en la biblioteca se consulte contenidos eróticos o sexuales y se la pueda hacer objeto de crítica por ello.
Pero, al margen de esto, este tema me plantea la reflexión de que hay una tendencia a acceder desde edades cada vez más tempranas a contenidos que hace años creeríamos de adultos, tanto en Internet, como en televisión, libros o revistas, que dificilmente comprenderán quienes los consulten. Se dan dos factores: El primero que este acceso se hace cada vez más de modo privado, por ejemplo en la habitación propia, lo que supone probablemente que no estén los padres ni otros mayores que puedan participar en la orientación o la educación sobre el significado de estos contenidos. Y el segundo, que el consumo -también de información- se hace con patrones de impulsividad y falta de profundidad o permanencia, lo que hará que el aprovechamiento de la información y su comprensión sean muy superficiales.
El deseo de crecer y llegar al mundo adulto muy rápidamente es una constante que las generaciones repiten, pero que actualmente hace más necesaria cada vez la educación en el uso de la información, disponer de una cultura de la información que implique también valores, para que también los jóvenes (aunque sean "nativos" digitales) puedan desenvolverse en el mundo en que viven con sentido.
