Aclaraciones terminológicas
En una reciente nota (ALFIN: Cuestiones básicas) enviada a Thinkepi intenté señalar algunas ideas básicas sobre ALFIN:
Se considera que tener alfabetización informacional es saber cuándo y por qué necesitas información, dónde encontrarla, y cómo evaluarla, utilizarla y comunicarla de manera ética (CILIP). Sería un prerrequisito para participar eficazmente en la Sociedad de la Información, parte de los derechos básicos de la Humanidad para un aprendizaje de por vida (Declaración de Praga, Debate UNESCO…), y la OCDE, en (...) el proyecto DeSeCo, cita entre éstas tanto la ALFIN como la alfabetización digital (...) Desde el punto de vista de los profesionales también hablaríamos de ALFIN para denominar los servicios diseñados para facilitar que los usuarios adquieran esa capacidad, y finalmente, desde el punto de vista teórico o de la investigación, designaría un área disciplinar cuyo objeto sería el desarrollo de normas, modelos pedagógicos, criterios de evaluación, estrategias políticas para la mejora de las competencias informacionales de los ciudadanos (…)
El acrónimo ALFIN (...) fue propuesto por Félix Benito, autor de la primera tesis doctoral sobre este tema en España aparte de la de Francisco J. Bernal (...) Otra expresión relacionada es educación documental, que también formuló Benito cuando diseño un tema transversal para la Educación Secundaria Obligatoria que formara a todos los estudiantes en las metodologías de gestión y uso de la información documental. (...)
La expresión suena extraña en español a los oídos del ciudadano corriente, que asimila alfabetización con saber leer y escribir. Por eso, prefiero su uso de modo interno, dentro de la comunidad profesional, cuando nos refiramos al desarrollo de servicios o la realización de investigaciones pertenecientes a esta área disciplinar. En cambio, cuando nos dirijamos a los destinatarios finales de este servicio, denominaría a las actividades, cursos, tutoriales u sesiones de una manera más concreta, en función de los conceptos, procedimientos o habilidades que les estemos enseñando. Así evitamos ese aparente tono paternalista o peyorativo en castellano del término, que implica reconocerse analfabeto a quien sigue programas de alfabetización. Aunque realmente todos somos analfabetos en muchos temas, y sería saludable saber reconocerlo, parece que en España solo nos aceptamos analfabetos de buen grado en lo tocante a lo tecnológico, quizás por lo novedoso de las TIC. Por eso se habla con más naturalidad de alfabetización tecnológica o digital que de ALFIN.
(...) La ALFIN pretende o aspira a incluir competencias no trabajadas usualmente en la formación de usuarios: evaluación de los recursos, comprensión, utilización y comunicación de la información. Es decir, para usar la información en la toma de decisiones o generar conocimiento hay que entrar en habilidades cognitivas, e incluso en aspectos éticos. Muchas actividades de formación de usuarios serían aspectos parciales de la ALFIN, pero en función de las necesidades de los individuos, de las posibilidades del contexto o de la colaboración con otros mediadores en procesos de aprendizaje, deberemos ir más allá para incluir el uso reflexivo e intencional de la información para la creación de conocimiento. Yo relaciono la ALFIN en última instancia con los enfoques constructivistas del aprendizaje, el fomento de la autonomía del individuo y el desarrollo de su capacidad crítica en una sociedad compleja, necesitada de implicación y participación democrática.
Dado que en inglés se usa "literacy" por extensión para referirse a la capacidad de usar diferentes medios, tecnologías o lenguajes, se habla de alfabetización audiovisual –la capacidad de compresión y crítica de los medios y lenguajes audiovisuales- tecnológica –la capacidad de manejo de la tecnología de la información- digital –el dominio de los medios hipertexto e Internet-, alfabetización científica –el dominio de la ciencia y sus mecanismos de creación, transmisión y aplicación- y de otras muchas alfabetizaciones. La ALFIN tiene una dimensión comprensiva de las demás, y en la IFLA, para cuya presidente Kay Karesoka ha sido objetivo principal, se ha llegado a formular el concepto de alfabetización continua (lifelong literacy), que englobaría la alfabetización lectoescritora básica, la digital y la ALFIN, integrándola con la idea de aprendizaje permanente.

